Hoy.
Finalmente colapsé. Todos los caminos llevaban a eso, y me seguirán llevando también si es que no consigo apartarme de las garras de mi propio ser.
Tantas cosas que me quisiera replantear, pero no me da. Tantas cosas en las que me gustaría avanzar, pero no me animo. Tantas cosas con las que me gustaría dar vuelta la página, pero no pienso como. Tantas cosas que no quiero hacer, pero no se como termino.
Caminando hacia ningún lugar esperando llegar a la nada.
Qué debo hacer con mi estilo de vida?
Pensando... Pensando... Pensando... Pensando...
Para qué!
La puta madre... gasto esfuerzos en gente que no vale la pena... colgándome como un gil con la que sí lo vale.
SE VA TODO A LA PUTA
OK?
a veces me gustaría ser como el señor de la historia que viene acontinuación:
El Loco que dice Buen día
Íbamos de la mano, por la calle soleada, y en el mismo viento en que venia el olor de las flores del florista de la esquina, vino la voz del hombre: “buenos días… buenos días… pero que linda mañana…. señora, ¿por qué tiene esa cara tan triste? ¿No ve que hoy es primavera?… no me diga atrevido, señora… me gusta la gente… yo quiero a la gente… y si no hablo con la gente… me siento muy solo… ¿o usted no se siente sola, señorita apurada?… buen día, señor; tome una margarita para la solapa del saco… ¡Vaya manera de decir que no! Es primavera y hay que llevar una flor en la solapa. Si no ¿para qué sirve que sea primavera?” Y así, con su voz alegre, se fue acercando hasta nosotras dos, mama y nena con una media caída y la otra no. Yo ya lo conocía. Lo había visto muchas veces hablando solo, con los ojos azules y limpios, fijos en el color del amanecer. Lo había visto derramando su “buen día, señora; buen día, señor; buen día señorita”, como si fuera con una regadera de palabras humedeciendo el tiempo. Y había visto también el enojo, la sonrisa burlona o la simple indeferencia de la gente que pasaba a su lado. Algunos insultándolo, otros haciéndole burla, sin mirarlo siquiera, como si no existiera. Verónica se detuve frente al hombre. -buenos días, señora… -¿Es tu amigo mamá? No supe qué contestar. Me tomó de sorpresa la pregunta, ¿Era mi amigo? ¿No era mi amigo? No sabía… -Sí, nena linda -balbuceó él mientras quitaba una flor de los ramos del florista y se la alcanzaba con una mano huesuda y pálida- Tu mamá es mí amiga… Toda la gente es amiga mía... Los viejos, los jóvenes, los chicos… los perros, los gatos, los canarios… Porque yo fui el que entró a la pajarería y le abrió las puertas a las jaulas de los pajaritos… ¡Hubieras visto cómo se puso el cielo ese día, de todos colores, igual a un jardín! ¿Como te llamas? -verónica…, y quiero ser tu amiga, en la plaza yo me hago amiga de todos los chicos… En cambio, las personas grandes son diferentes, ¿No crees mamá? -A veces… A veces… o casi siempre, por desgracia. La gente lo llama “el loco que dice buen día”. Pero es el único ser que vi con una flor en el ojal en primavera. Y que en vez de llevar un pañuelo en el bolsillo del saco, lleva una paloma blanca que picotea el aire leve. Y en ves de tener los ojos empañados de envidia, de tristeza, de rencor…, los tiene abiertos y hondos, se puede ver en ellos lo que siente, como se ven los peces a través del agua de los ríos del sur. Las personas grandes para ser amigas tienen que responder un complicado cuestionario, lleno de signos y números. No pueden decirle “buen día” a la gente que se cruza con ellas por la calle porque la gente se sorprendería… y los llamaría locos, como al hombre de los ojos de niño que te dio esos ojos y le va cantando al sol y a la ternura, estremecido por la alegría del trompo que da vueltas en el mundo de los niños. Cuando el hombre se alejó, vos me preguntaste: -¿Por qué le dicen loco mamá? -Porque… porque no lo comprenden. -A mi me parece más loco aquel señor que va con sombrero y traje negro en un día tan lindo. -A mí también, verónica Tienes razón. Claro que tienes razón. ¿Cómo va a ser un loco un hombre que regala flores y saluda por las calles, cómo va a ser loco un hombre que ama a los viejos, a los jóvenes, a los niños, a los perros, a los gatos, suelta los pájaros de las jaulas y sonríe porque el sol es redondo y amarillo? Locos… somos los otros; los que miramos con angustia los relojes, los que no estrechamos las manos de quienes no nos muestran su documento de identidad y no tienen bien lustrados los zapatos, los que ponemos un vidrio de distancia entre nosotros y los demás… con las excusa de protegernos. Bah, por temor a daños, a amar, a que nos llamen locos.
Esta historia me hizo llorar
y que!
sábado, 18 de agosto de 2007
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1 comentario:
Es verdad. Ponemos un vidrio entre nosotros para evitar daños, amar...y que nos crean locos.
Cómo sería todo si no lo hicieramos??... Es raro, muchas veces me levanto creyendo que no lo voy a hacer más y sin embargo la historia se repite.
No estés mal Pabliz, las cosas cambian y solas se establecen...
dejalas pasar...
Te quiero mucho amigo!
besotess!
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